INEVITABLE NO HABLAR DE LA MUERTE, DE LA VIDA, DE CHAPECOENSE, DE ALIANZA, DE DIOS...

Con ocasión de la terrible tragedia de los jugadores del Club Chapecoense, y de los demás pasajeros y tripulantes, que inevitablemente me recuerda a la ocurrida al plantel del club Alianza Lima en 1987, leo y escucho por todos lados (en ocasiones a modo de estribillo), invocaciones a Dios, el que muchos por este lado creen que es el único dios verdadero.  

Un ser supuestamente omnipotente, bueno, misericordioso, justo, protector, pero también, tan misterioso como la ignorancia, el temor y la creatividad de la humanidad. En suma, una entidad que hace lo que quiere con nosotros sin la posibilidad que podamos pedirle cuentas o reclamarle, aunque seamos "sus hijos". 

Un embuste tan grande como la idea de que existe un demonio que se va a llevar a las personas malas, pos supuesto, luego que hagan maldades, lo cual dios no podrá evitar. 

Hay que cambiar ese chip que hace creer a la gente que la injusta muerte de tantos jóvenes hijos, padres y hermanos, es por voluntad divina.  

Qué clase de dios es ese que mata y luego los recibe "en su gloria". Y peor aún, qué clase de persona sin capacidad de raciocinio es aquella que le ora y le pide a ese dios asesino que acoja a quien él mató. O es que él en realidad no mata, él solo los recibe.

Una alucinada interpretación de predicadores, cuya página está llena de signos de dólares, dice lo siguiente al respecto:

"Debido a que todas las personas han pecado contra Dios (Ro 3:23), todas las personas se encuentran bajo el juicio de Dios. La paga del pecado es muerte (Ro 6:23); por lo tanto, cuando Dios ejecuta a alguien, no es asesinato; es matar, ya que tomar la vida de alguien legalmente, es permitido. Recuerde que todas las personas han pecado y pecar es, quebrantar la Ley de Dios. Por lo tanto, la ejecución de Dios es, en última instancia, legal."  (Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana – MIAPIC)

bajo esta inspirada interpretación, todos estamos sometidos a una voluntad que decide cuando matar al "pecador", sea este  niño, viejo, joven. Bajo esta interpretación turbada, no tenemos fecha de expiración, no tenemos control de nada, salvo de vivir orando para que, cuando nos toque, estemos preparados. ¿Para qué entonces vivir tan insegura vida?.  Porque, si hay un plan divino, francamente es un plan que hay que tirar a la basura, porque se quedó en tiempos de Sodoma y Gomorra.

Si algún día ese Dios asesino explica por qué mata a gente inocente, y por qué, a pesar de ello, los creyentes aceptan con resignación tal hecho, y hasta les pide que los reciba en su gloria, los humanos tendremos que cambiar toda nuestra forma de pensar para entender tal “lógica”. Por ello conviene que dejemos de creer en ese dios que nunca podrá dar cuenta de sus actos, porque en realidad no existe, es una más de las fantasías humanas, producto de la imaginación, pero una fantasía que se ha apoderado de nosotros, nos domina y condiciona nuestras vidas, a pesar de ser obra nuestra. Al respecto vean la inspiradora pero no definitiva explicación de Yuval Noah Harari: ¿Por qué los humanos gobiernan la Tierra? en el link: https://www.ted.com/talks/yuval_noah_harari_what_explains_the_rise_of_humans?language=es.

De cualquier manera, hay que entender que todo lo que hacemos, mal o bien, es por nuestras acciones o por nuestras omisiones. No hay más.  

El recuerdo de los deportistas del club Chapecoense y las demás personas que murieron en el avión, debe movernos a la reflexión.

El temor más grande que el ser humano debería experimentar no es hacia un inexistente dios, que los han habido miles, y ninguno ha movido un dedo para salvar la vida de un inocente. El temor debe enfocarse en aquellas personas que, por nuestra indiferencia o por nuestros actos, hoy hacen daño a los demás.

Está en nosotros cambiar esa situación, pero todo pasa porque reconozcamos que no hay más voluntad que la humana, no hay más existencia que la que tenemos en este planeta, en este universo, y no hay más futuro que el que le dejamos o le privamos a nuestros hijos o descendientes.

En el recuerdo viven nuestros seres queridos que han partido, y ese es el mejor homenaje a ellos, todo lo demás es fantasía y piedras frías.